La morosidad amenaza la viabilidad del 30% de las pymes españolas

Cuatro de cada diez empresas teme que el retraso en los pagos tenga un impacto negativo en su liquidez

Cerca de un tercio del total alerta que esta situación pone en peligro su crecimiento

Hoy hablaremos de morosidad.

Y lo haremos porque el retraso en los pagos es uno de los aspectos que más preocupan a los empresarios.

Cumplir con los períodos de pago y evitar costes adicionales es fundamental para que el tejido empresarial mantenga su competitividad, para que su capacidad financiera no se vea comprometida y para poder acometer inversiones.

Las demoras en los pagos no sólo pueden dificultar a las pymes su actividad; en muchos casos complican su solvencia y puede provocar, incluso, su desaparición en el peor de los casos.

Resistencia ante los impagos

La morosidad ataca de diferente manera a las empresas. Las pymes son las que, por su tamaño, peor resisten mientras que las empresas más grandes pueden echar mano de recursos financieros para hacer frente a esta circunstancia. Además, al tener más clientes, pueden diversificar el riesgo mejor.

Hay que tener en cuenta que los retrasos los financian las propias pymes y en última instancia si se produce un impago, perdemos la inversión, el coste del trabajo y el margen de beneficio.

Es un hecho: las pequeñas y medianas empresas son las mayores damnificadas por la morosidad. Son las que menos tardan en rendir cuentas con sus proveedores, pero, a la vez, son las más expuestas frente a los impagos. A ello se le suma que las empresas más grandes son las que más se demoran a la hora de hacer frente a sus facturas con otras compañías, normalmente más pequeñas.

Morosidad y cobros

Manejar el riesgo

Aunque parezca paradójico, los responsables de la empresa tienen la obligación de poner los medios para atajar el problema de la morosidad. Esto se consigue con un correcto manejo del crédito a clientes.

Existen maneras de prevenir la morosidad. No evitan del todo que se pueda producir el problema, todos estamos expuestos a ello, pero al menos debemos poner los medios que minimicen el riesgo.

En primer lugar debemos pensar en qué tipo de clientes son los adecuados para nuestro negocio. Una venta se puede abonar en el momento o en plazo (60 días como máximo si es un particular o 30 si es una Administración Pública, según la Ley. Pensemos en que, si ocurre lo segundo, tendremos que adelantar una inversión, pedir crédito a entidades bancarias para poder funcionar. En este sentido, si aumenta repentinamente la cartera de estos clientes, podemos no ser capaces de asumirla financieramente y, por tanto, morir de éxito.

Dime con quién trabajas…

Una vez establecida esa primera norma, toca estudiar a los clientes. El riesgo se evalúa con documentos, de ahí que debamos acudir al Registro Mercantil para hacernos una idea de la situación de la empresa que solicita nuestros servicios. Ahí podemos ver hechos relevantes como cambios de administradores o concursos de acreedores, en definitiva, asuntos que nos deben hacer ver que las cosas no van bien.

Ingresos

Existen también maneras algo más “informales” de conocer a nuestros futuros clientes. Por ejemplo, podríamos averiguar quiénes son algunos de sus proveedores y llamarles para comprobar si ellos están teniendo problemas o no. Podemos también consultar la red por si hay comentarios de proveedores insatisfechos. En asociaciones sectoriales también nos podemos enterar de quién no paga a tiempo.

Herramientas para evitar la morosidad

Entidades financieras y aseguradoras ponen al alcance de las pymes ciertos productos que ayudan a estar protegidos contra esta eventualidad. Como todo, tienen sus pros y sus contras. Estas son las herramientas más destacadas para evitar la morosidad en tu pyme:

  • Factoring. Es un servicio por el que la empresa cede todas las facturas a cobrar de sus clientes a un banco, y este se encarga del cobro. Se puede contratar la opción “sin recurso” por la que el riesgo de insolvencia de nuestro cliente lo asume el banco y no nosotros. Esa es la principal ventaja de este producto. El principal inconveniente es el coste, porque dependiendo del riesgo puede llegar a ser caro.
  • Confirming. En este caso nuestro cliente puede tener contratado este producto para que cobremos las facturas incluso con anterioridad a la fecha de vencimiento. Nosotros también podemos contratarlo para nuestros proveedores. La ventaja está en poder anticipar el cobro, la principal desventaja es de nuevo el precio. Si nuestro cliente tiene una línea de confirming y decidimos cobrar antes de la fecha de vencimiento, deberemos asumir un descuento.

Morosidad bolsillos vacios
  • Seguros de crédito. Con estos productos aseguramos los pagos de nuestros clientes. El cobro está garantizado. Pero la principal ventaja de este producto va más allá. Con un seguro de crédito tendremos un servicio profesional de estudio de clientes que nos medirá el riesgo real de morosidad o impago. La principal desventaja es la letra pequeña. Hay que fijarse bien en los riesgos que no cubre este producto y estudiar si nos conviene contratarlo.

Respetar los plazos

Sin embargo, lo más importante es que tanto las administraciones públicas como las empresas respeten siempre los plazos y compromisos derivados de sus respectivas relaciones comerciales. Es decir, que se extienda la cultura de las buenas prácticas en relación con los plazos de pago. Porque lo contrario, no sólo perjudica la competitividad de las pymes, sino que en muchos casos las aboca a su disolución.

 

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