Cómo las Cámaras impulsan a las pymes de Castilla y León
Noticias 29/10/26 Compartir

Cómo las Cámaras impulsan a las pymes de Castilla y León

Marian Hidalgo, secretaria general del Consejo de Cámaras de Castilla y León, sitúa el relevo generacional, la falta de talento, la digitalización, el tamaño empresarial, la internacionalización y la sostenibilidad entre los grandes desafíos del tejido productivo. Defiende un modelo de acompañamiento que combine formación, asesoramiento y financiación, y destaca la colaboración con Iberaval para que proyectos viables de pymes y autónomos puedan convertirse en inversión y crecimiento real.

Marian Hidalgo trabaja en el punto donde se cruzan las empresas, las administraciones y el territorio.

No dirige una fábrica ni gestiona una cartera comercial, pero conoce los problemas de quienes tienen que pagar nóminas, invertir, exportar o mantener abierto un negocio en un municipio pequeño.

Su lugar está en la estructura que conecta esas necesidades con formación, asesoramiento, programas públicos e instrumentos financieros. Ese papel de enlace encaja con una trayectoria construida entre la comunicación y la gestión institucional.

María Ángeles Hidalgo Hidalgo, Marian para quienes trabajan con ella, es natural de Zamora, licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y especialista en Protocolo de Empresa por la Escuela Internacional de Protocolo.

Se incorporó al Consejo de Cámaras de Castilla y León en 2008 como directora de Comunicación y asumió también la coordinación de proyectos en 2010.

Desde noviembre de 2021 ejerció como secretaria general en funciones hasta que el Pleno la nombró oficialmente secretaria general, por unanimidad, en mayo de 2025.

Durante ese recorrido compatibilizó temporalmente su responsabilidad con las secretarías de las cámaras de Ávila y Segovia.

Familia y trabajo

El nombramiento consolidó una relación profesional de más de tres lustros con unas instituciones a las que ella misma ha definido como su familia «lógica»: aquella que no viene dada por los lazos de sangre, sino que se construye mediante años de trabajo, confianza y pertenencia.

Su función consiste en actuar como nexo entre las cámaras, las empresas y la Administración, dentro de un modelo de colaboración público-privada que busca trasladar las necesidades del tejido productivo a las políticas y programas de apoyo.

Hidalgo llegó a la Secretaría General después de conocer la organización desde dentro. Como ese botones que llega a presidir un emporio hostelero...

Primero contó su actividad, después coordinó proyectos y finalmente asumió la responsabilidad ejecutiva.

Esa secuencia importa. Mucho.

Su experiencia como periodista le permite comprender que una institución no sólo debe trabajar: también tiene que explicar qué hace, escuchar lo que ocurre fuera y traducir los programas administrativos a un lenguaje que resulte útil para el empresario.

La especialización en protocolo añade otra dimensión.

En una red compuesta por cámaras provinciales y locales, administraciones, organizaciones empresariales y compañías de tamaños muy diferentes, las formas no son un elemento decorativo. Como el acudir a una reunión con los papeles bien definidos. Y con los papeles impresos, por si fallan las pantallas...

Las formas, en fin, ordenan relaciones, fijan responsabilidades y ayudan a que instituciones con intereses diversos puedan cooperar sin confundirse.

Marian Hidalgo, durante la conversación con Iberaval

Una red con 40.000 usuarios

Pero su perfil no se limita al de una organizadora eficaz. Hidalgo defiende unas cámaras «estratégicas y camaleónicas», capaces de cambiar sus servicios cuando cambia la economía.

Si es necesario, con uñas y dientes.

Frente a la imagen de instituciones centenarias ancladas en procedimientos del pasado, reivindica una red que interviene en formación, emprendimiento, empleabilidad, digitalización, comercio exterior y gestión de programas europeos.

En 2025 cifraba en más de 40.000 los usuarios que acudían cada año a las cámaras de Castilla y León para recibir servicios y apoyo.

Esa capacidad de adaptación constituye el centro de su visión.

Las empresas no necesitan hoy lo mismo que hace una década.

La digitalización ha modificado la forma de vender y producir; los conflictos internacionales han introducido incertidumbre en los mercados; la falta de trabajadores afecta a numerosos sectores; y el envejecimiento empresarial amenaza la continuidad de actividades que siguen siendo viables, especialmente en el medio rural.

Hidalgo observa esos cambios desde una atalaya que funciona como un sistema de escucha.

Las cámaras reciben a quien quiere abrir una empresa, a quien necesita formar a su plantilla, a quien busca exportar por primera vez y a quien comprueba que su negocio tiene futuro, pero no encuentra a nadie dispuesto a tomar el relevo.

Esa cercanía le permite elaborar una fotografía empresarial menos abstracta que la proporcionada únicamente por las estadísticas.

Un tejido resistente que necesita ganar músculo

El diagnóstico de Marian Hidalgo sobre las pymes y los autónomos de Castilla y León comienza por reconocer su diversidad.

No se enfrenta a las mismas dificultades una explotación agraria de Tierra de Campos que una compañía industrial de Burgos, un comercio de Soria o una empresa de servicios avanzados instalada en Valladolid.

Sin embargo, bajo esas diferencias aparecen problemas comunes.

El primero es la falta de relevo generacional.

El fenómeno resulta especialmente visible en los sectores tradicionales y en los municipios rurales, donde el cierre de un negocio no supone únicamente la desaparición de una empresa.

Puede significar también la pérdida de un servicio, de varios empleos y de una actividad que contribuía a sostener población.

El problema no es siempre la ausencia de mercado. En muchas ocasiones, lo que falta es localizar al sucesor, ordenar la transmisión y facilitarle acceso al conocimiento y a los recursos necesarios para iniciar la nueva etapa.

Junto al relevo aparece la vulnerabilidad de los autónomos. Hidalgo advierte de que los trabajadores por cuenta propia sufren de manera directa los cambios regulatorios y económicos.

Disponen de menos estructura para interpretar una nueva obligación, gestionar una ayuda o absorber un incremento de costes.

Por eso no reclaman únicamente información puntual, sino acompañamiento continuado.

Marian Hidalgo, durante la conversación con Iberaval

La sempiterna barrera

La burocracia constituye otra de las barreras señaladas.

Para una gran empresa, un trámite adicional puede representar más tiempo de trabajo para sus departamentos jurídico o administrativo.

Para una microempresa, puede obligar al propietario a abandonar durante horas la actividad que genera sus ingresos o a asumir un coste externo difícil de encajar.

A ello se suman el encarecimiento de la energía, los suministros y otros costes empresariales, además de las dificultades para atraer profesionales.

La escasez de talento ya no afecta únicamente a los perfiles tecnológicos o altamente especializados. Empresas industriales, hosteleras, comerciales y agroalimentarias encuentran problemas para cubrir puestos necesarios para su funcionamiento.

Marian Hidalgo no presenta, pese a ello, un panorama inmóvil o derrotista. Define el tejido empresarial de Castilla y León como «resiliente».

Existen sectores dinámicos, entre ellos el agroalimentario, la industria y los servicios avanzados, y compañías con capacidad para crecer.

El reto consiste en proporcionarles los medios para digitalizarse, ganar tamaño y competir en un entorno más exigente.

La resistencia, sin embargo, no debe confundirse con invulnerabilidad.

Una pyme puede superar una crisis gracias al esfuerzo de sus propietarios y trabajadores, pero esa capacidad tiene límites.

Si no aumenta su productividad, mejora su gestión o amplía mercados, cada nuevo golpe económico reduce el margen disponible para reaccionar.

Ganar tamaño

Ganar tamaño aparece así como una cuestión estratégica.

Castilla y León cuenta con un tejido formado mayoritariamente por empresas pequeñas, muy arraigadas al territorio y capaces de adaptarse con rapidez, pero con menos recursos para invertir, innovar o salir al exterior.

Crecer no significa necesariamente convertirse en una gran corporación.

Puede consistir en cooperar con otras compañías, ampliar plantilla, profesionalizar áreas de gestión o alcanzar una dimensión suficiente para acceder a nuevos clientes.

Las cámaras intervienen precisamente en esa fase.

Ayudan a identificar carencias, ofrecen formación, orientan en la elaboración de planes y acercan al empresario programas de digitalización, internacionalización o consolidación. Pero Hidalgo insiste en que el acompañamiento no puede terminar con una recomendación o un documento.

Una idea empresarial puede estar bien planteada y, aun así, no llegar a ejecutarse.

La diferencia entre el proyecto y la empresa suele aparecer cuando llega el momento de invertir: adquirir maquinaria, acondicionar un local, contratar personal, abrir un nuevo canal comercial o financiar el circulante necesario para crecer.

Marian Hidalgo, durante la conversación con Iberaval

La cadena que convierte una idea en inversión

Marian Hidalgo resume el proceso mediante una cadena de tres eslabones: formación, asesoramiento y financiación.

Cada uno cumple una función distinta, pero solo la conexión entre los tres permite que una oportunidad termine materializándose.

La formación ayuda al empresario a detectar necesidades y comprender un entorno que cambia. No se limita a impartir conocimientos generales.

Debe responder a problemas concretos: cómo incorporar una herramienta digital, preparar una estrategia exterior, mejorar la gestión financiera o adaptar la empresa a nuevas exigencias regulatorias.

El asesoramiento convierte ese conocimiento en un plan. Permite determinar cuánto costará el proyecto, qué recursos requiere, qué riesgos implica y qué resultados cabe esperar.

También ayuda a evitar inversiones mal dimensionadas o decisiones adoptadas sin información suficiente.

La financiación completa el recorrido. Sin ella, el diagnóstico puede ser correcto y el plan viable, pero la empresa seguirá en el mismo punto.

Hidalgo sitúa ahí el papel de Iberaval, al que considera el instrumento que permite traducir el acompañamiento cameral en financiación real, especialmente cuando una pyme o un autónomo encuentra dificultades para acceder al crédito en condiciones adecuadas.

Confianza y relación

La sociedad de garantía aporta además confianza a las entidades financieras. Su intervención reduce el riesgo asumido por el banco y puede mejorar las condiciones de la operación.

Para el empresario, esa diferencia puede determinar no solo si obtiene el préstamo, sino si puede devolverlo sin comprometer el equilibrio del negocio.

Hidalgo concede también importancia a la agilidad. Una operación que llega demasiado tarde puede perder su utilidad. Hay inversiones ligadas a una oportunidad comercial, a una convocatoria o a una necesidad productiva que no pueden esperar indefinidamente.

«La colaboración Cámara–Iberaval convierte una idea en una realidad financiable», sintetiza.

La frase define con precisión la complementariedad entre ambas organizaciones. Las cámaras no son entidades bancarias y no sustituyen al análisis financiero. Iberaval tampoco reemplaza el diagnóstico empresarial ni la formación. Cada parte actúa en una fase, pero la coordinación evita que el emprendedor tenga que recorrer solo un itinerario fragmentado entre distintas ventanillas.

El acompañamiento comienza cuando la empresa explica qué quiere hacer. La cámara ayuda a ordenar el proyecto y a evaluar sus necesidades. Cuando aparece la financiación, Iberaval puede respaldar la operación y facilitar la interlocución con la entidad bancaria. El objetivo no es financiar cualquier iniciativa, sino impedir que un proyecto viable quede paralizado únicamente por falta de garantías.

Marian Hidalgo, durante la conversación con Iberaval

Una señal clara

Hidalgo aporta un dato revelador procedente de un estudio reciente del propio Consejo de Cámaras: el acceso a financiación no figuraba entre los principales obstáculos señalados por el tejido empresarial de Castilla y León.

La secretaria general interpreta el resultado como una buena noticia y como una señal de que los instrumentos existentes están cumpliendo su función.

La lectura exige, no obstante, prudencia. Que la financiación no aparezca como el primer problema no significa que todas las empresas accedan al crédito con facilidad ni que el trabajo esté terminado.

Puede indicar que otras preocupaciones -costes, burocracia, falta de personal o incertidumbre- han ganado peso, pero también que la cooperación entre bancos, sociedades de garantía y organizaciones empresariales ha reducido una barrera que históricamente frenaba numerosos proyectos.

Iberaval se convierte así, en palabras de Hidalgo, en «el socio que convierte el acompañamiento en crecimiento tangible».

El territorio cubierto

La capilaridad es uno de los principales activos del sistema cameral de Castilla y León. El Consejo representa y coordina a catorce cámaras oficiales, integradas en sus órganos de gobierno junto con representantes de grandes empresas y de las organizaciones empresariales.

A esa estructura se suman, según detalla Marian Hidalgo, dos delegaciones en Aranda de Duero y Ponferrada y dos antenas en Medina del Campo y Peñafiel. La red permite acercar servicios de formación, asesoramiento, digitalización e internacionalización a empresas alejadas de los grandes núcleos urbanos.

La presencia territorial tiene una importancia especial en una comunidad extensa, envejecida y formada por miles de municipios pequeños.

Emprender en el medio rural suele implicar más dificultades para acceder a información, encontrar trabajadores, relacionarse con proveedores o acudir a servicios especializados.

Hidalgo sostiene que crear una empresa en un pueblo no debería convertirse en «una carrera cuesta arriba». La función de las cámaras consiste en reducir parte de esa pendiente mediante servicios gratuitos, acompañamiento y conexión con instrumentos financieros.

Marian Hidalgo, durante la conversación con Iberaval

El clic hacia el futuro

Pero la cohesión territorial no se consigue únicamente abriendo oficinas.

Exige que los servicios ofrecidos sean útiles y que una empresa situada lejos de una capital reciba una respuesta comparable. La digitalización permite superar algunas distancias, pero no elimina la necesidad de profesionales que conozcan el territorio y entiendan sus particularidades.

Una empresa agroalimentaria puede encontrar su ventaja precisamente en el origen rural de sus materias primas, pero necesitará tecnología, certificaciones, logística y canales comerciales para convertir esa ventaja en negocio.

Una actividad artesanal puede vender fuera de su comarca, siempre que adapte su producción y aprenda a utilizar herramientas digitales.

Un comercio local puede ampliar su mercado, pero necesita conocimientos y recursos para no perderse entre plataformas y costes.

La red cameral actúa como puerta de entrada. Su proximidad facilita que el empresario explique su situación sin tener que identificar previamente qué programa, entidad o instrumento necesita. Después, el sistema debe derivarlo hacia la respuesta adecuada.

Variables a tener presentes

Esa labor de orientación será todavía más importante durante los próximos cinco años. Hidalgo identifica cinco terrenos en los que se decidirá buena parte de la competitividad regional: digitalización, tamaño empresarial, talento, apertura exterior e innovación y sostenibilidad.

La digitalización ya no puede considerarse un ámbito reservado a las empresas tecnológicas. Afecta a la gestión, las ventas, la producción, la relación con clientes y proveedores y el análisis de datos. Una compañía que no incorpore estas herramientas puede quedar fuera del mercado incluso aunque su producto siga siendo competitivo.

El tamaño determinará la capacidad para invertir y ganar productividad. El talento será crítico en una comunidad marcada por el envejecimiento demográfico y por la dificultad para retener profesionales jóvenes. La apertura exterior permitirá diversificar riesgos y resistir mejor los ciclos económicos. La innovación y la sostenibilidad dejarán de ser elementos voluntarios a medida que aumenten las exigencias de clientes, mercados y reguladores.

Para seguir siendo útiles, las cámaras también tendrán que transformarse. Hidalgo plantea reforzar el acompañamiento integral, ampliar la formación avanzada, ofrecer servicios más personalizados y tecnológicos y mantener la presencia territorial. La institución que ayuda a las empresas a adaptarse no puede permanecer inmóvil.

Marian Hidalgo, durante la conversación con Iberaval

Una puerta a la solución

Hidalgo no presenta las cámaras como la solución a todos los problemas empresariales. Las concibe como la puerta que evita que el emprendedor tenga que afrontarlos solo. La formación le permite comprender; el asesoramiento, decidir; la financiación, actuar. Cuando esa cadena funciona, una idea deja de ser una posibilidad y empieza a generar inversión, actividad y empleo.

En una comunidad donde la distancia puede convertirse en desventaja, su trabajo persigue que el código postal no determine el acceso a las oportunidades. Esa es la costura que una luchadora como Marian Hidalgo intenta mantener firme: una red capaz de llegar al territorio, detectar lo que necesita cada empresa y acompañarla hasta el punto en que el proyecto comienza a caminar por sí mismo.

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