
Periodismo y territorio en Castilla y León
Luis Miguel Torres Chico, director de la Agencia Ical desde 2007, analiza el papel del periodismo, la financiación y las instituciones en la vertebración de Castilla y León. Desde su experiencia profesional y su vinculación con el medio rural, considera que Iberaval ha evolucionado hasta convertirse en una entidad cercana, capaz de reflejar el pulso de pymes y autónomos y de construir «legitimidad social» mediante utilidad, transparencia y presencia territorial.
Luis Miguel Torres Chico lleva tres décadas contando Castilla y León desde dentro. No como un territorio abstracto compuesto por nueve provincias, sino como una Comunidad extensa, desigual y dispersa en la que una decisión económica, el cierre de una oficina o la financiación de una pequeña empresa adquieren consecuencias muy distintas según el lugar desde el que se contemplen.
Nació en 1972 en Horcajo de las Torres, en la comarca abulense de La Moraña, y esa procedencia ha dejado una huella reconocible en su forma de entender la vida. Y, con ella, el periodismo. Torres mantiene su vinculación con el medio rural y se identifica con él cada día, aunque resida en una ciudad. No habla del territorio desde la condescendencia ni la nostalgia. Le preocupa, sobre todo, que la atención prestada a los pueblos no se limite a los discursos y tenga una traducción práctica. Aquel fanal deseo de llevar los mismos servicios a los pueblos que cuantos se disfrutan en las grandes urbes.
Esa mirada territorial ha acompañado toda su trayectoria.
Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, comenzó su carrera en la Cadena SER. En 1996 participó en la puesta en marcha de la delegación de Europa Press en Castilla y León, donde llegó a ser subdelegado, junto a Ángel Cuaresma. En 2000 se incorporó a la primera redacción de El Día de Valladolid como redactor jefe y, dos años después, asumió la subdirección. Entró en la Agencia Ical en agosto de 2003, también como redactor jefe, y fue nombrado director en 2007.
37 años de servicio público
El recorrido le ha permitido conocer la radio, la prensa escrita y el trabajo de agencia, tres espacios con ritmos y responsabilidades diferentes. En la Agencia Ical encontró, además, un observatorio privilegiado de la realidad autonómica.
Toda una institución más allá de los servicios diarios, Ical emerge en el panorama mediático como un espacio informativo consolidado -ha soplado 37 velas- reivindicando el rigor, la información de calidad y un «periodismo de lo cercano», pero atento a cuanto ocurre fuera de las fronteras de la comunidad. Y, además, conservando una buena vecindad con el resto de agencias, Efe y Europa Press, en Castilla y León.
Ese es también el territorio profesional de Torres: lo próximo sin provincianismos, lo rural sin idealizaciones y la identidad sin encerrarse en ella. Bajo su dirección, Ical se presenta como una agencia de noticias y contenidos multimedia, con una estructura informativa concebida para cubrir una Comunidad cuya amplitud geográfica exige presencia, coordinación y conocimiento directo.
El análisis fino de la realidad más próxima
Torres ha convertido esa experiencia en una manera de analizar las organizaciones.
No se detiene únicamente en sus balances, sus competencias legales o su posición institucional. Busca determinar si son útiles, si generan confianza y si la sociedad a la que se dirigen las reconoce como propias. De ahí que emplee con frecuencia un concepto que atraviesa toda su conversación: la «legitimidad social».
Y es que, una institución puede haber sido creada legalmente, contar con órganos de gobierno y cumplir sus procedimientos. Pero, para Torres, con eso no basta. Necesita que ciudadanos, empresas y organizaciones la perciban como un interlocutor válido; que sepan dónde encontrarla cuando llegan las dificultades y comprueben que su presencia produce efectos concretos. En definitiva, que resulten útiles.
Esa idea explica la lectura que hoy traemos aquí y que él hace sobre Iberaval.
La sociedad de garantía ha pasado, a su juicio, de ser un instrumento financiero difícil de explicar a convertirse en una organización próxima y reconocible. Y ese cambio no se debe únicamente al volumen de sus operaciones. Procede de haber situado detrás de cada aval a una empresa, un empleo, un autónomo o una familia.
De la oficina oscura al pie de calle
Luis Miguel Torres recuerda los primeros años de Iberaval a través de una imagen física. La entidad, afirma, ocupaba entonces un piso oscuro en el centro de Valladolid. Era un espacio que no parecía invitar a entrar y cuyo cometido resultaba difícil de comprender para buena parte de la sociedad.
La escena resume el problema de comunicación al que se enfrentaban las sociedades de garantía. Su actividad se expresaba mediante avales, coeficientes, riesgos y operaciones financieras, pero sus efectos se materializaban en talleres, comercios, explotaciones agrarias, proyectos industriales y puestos de trabajo.
Durante sus 45 años de trayectoria, Iberaval ha conseguido, según Torres, transformar ese relato. Ya no se presenta como un instrumento técnico. Aunque siga siéndolo. Se ha convertido en «una entidad financiera cercana, con alma, con rostro y con nombres y apellidos», capaz de desempeñar un papel relevante en los ámbitos financiero, económico y social de Castilla y León.
La evolución afecta tanto a la ubicación de sus oficinas como a su manera de relacionarse con el tejido productivo. Torres sostiene que Iberaval trabaja hoy «a pie de calle».
Y esa expresión no se refiere sólo a disponer de espacios más accesibles, sino a escuchar, acompañar y explicar las posibilidades de financiación a empresas que no siempre encuentran respuesta en los circuitos bancarios ordinarios.
La dimensión social de la financiación
El periodista subraya la dimensión social de esa actividad. Detrás de cada operación hay empleos, autónomos y pequeñas empresas, familiares o no, que pueden continuar su actividad. También hay iniciativas que logran superar la fase en la que todavía son poco más que una aspiración empresarial.
Esta capacidad para poner rostro a las cifras ha tenido también consecuencias informativas. Para los medios de comunicación, Iberaval se ha convertido en una fuente que no proporciona únicamente balances o volúmenes de financiación. Que también. Sus datos permiten observar las expectativas empresariales, la demanda de crédito, los sectores con mayor dinamismo y las dificultades que atraviesan pymes y autónomos.
Torres recurre a una metáfora médica para explicarlo. Si el dinero y la financiación constituyen el sistema circulatorio de la economía, «tomar la tensión en Iberaval» permite conocer una parte significativa de su estado de salud.
La sociedad de garantía funciona así como un termómetro del tejido productivo: sus operaciones revelan dónde se invierte, qué actividades necesitan liquidez y en qué territorios comienzan a aparecer nuevos proyectos.
Un buen electrocardiograma
La comparación no pretende convertir a Iberaval en el único indicador de la economía regional. Pero sí pone de relieve la información acumulada por una entidad que mantiene contacto directo con empresas de tamaños, sectores y municipios muy diferentes.
Ese conocimiento resulta especialmente valioso en una Comunidad donde la actividad económica no se concentra únicamente en las capitales.
Para Torres, la fiabilidad de una organización se comprueba sobre todo durante las crisis. Cuando el entorno es favorable, muchas instituciones pueden proyectar estabilidad. En los momentos complejos -una recesión, una subida de costes o las dificultades particulares de una compañía- se observa si detrás del discurso existen gestión, capacidad técnica y disposición al diálogo.
En Iberaval identifica esos tres elementos, pero concede una importancia especial al acompañamiento. No se trata de aprobar o rechazar una operación, sino de, también, conversar con la sociedad civil y el sector económico, orientar los proyectos y ayudar a que una propuesta pueda mejorar antes de recibir financiación. Ahí comienza la diferencia entre la legitimidad formal y la social. La primera nace de la norma que crea una institución, de sus estatutos y de sus nombramientos. La segunda debe ganarse todos los días.
«La legitimidad social consiste en que el entorno al que te diriges te reconozca como un igual y te considere útil», explica. Se construye mediante confianza, proyectos y cercanía, pero también estando presente en los momentos difíciles.
Iberaval ha logrado, en su opinión, consolidar ese reconocimiento dentro del mundo económico. Sin embargo, Torres advierte de que ninguna reputación es definitiva. Una confianza levantada durante décadas puede deteriorarse con rapidez. De un solo zarpazo. La legitimidad obliga a mantener la escucha, la presencia territorial y la voluntad de aportar a la sociedad, no sólo de recibir de ella.
El territorio no puede quedarse en los discursos
La procedencia de Torres -quien le conoce sabe que es de Horcajo (de las Torres)- introduce en su análisis una exigencia adicional. Está acostumbrado a escuchar declaraciones sobre la lucha contra la despoblación, la cohesión territorial y la igualdad de oportunidades. Sin embargo, considera que buena parte de ese discurso se vuelve vacío o impostado cuando no se acompaña de decisiones concretas.
El mundo rural aparece con frecuencia en intervenciones institucionales, campañas y documentos estratégicos. La cuestión, a su juicio, es comprobar si las empresas y los ciudadanos de los pueblos perciben realmente interés, servicios y oportunidades, o si continúan viendo cómo se retiran oficinas, recursos y puntos de atención. «Durante demasiado tiempo, lo que se ha percibido ha sido precisamente lo contrario: repliegue y abandono», sostiene.
La vertebración del territorio necesita infraestructuras, financiación y servicios, pero también representación. En un mundo de identidades, las comunidades necesitan espacios en los que reconocerse. Los medios de comunicación cumplen ahí una función que trasciende la publicación de noticias: deciden qué personas, empresas y problemas entran en el relato colectivo.
Igualdad de atención
Una agencia autonómica como Ical puede hacer visible una iniciativa empresarial nacida lejos de las capitales y situarla en el mismo circuito informativo que una gran compañía urbana. Esa igualdad de atención importa porque los referentes también construyen expectativas. Cuando un proyecto rural aparece como viable, innovador y competitivo, deja de ser una excepción desconocida y puede convertirse en modelo para otros.
Torres vincula esa labor con el papel de Iberaval. Las pequeñas empresas y los autónomos de los municipios necesitan sentir que se encuentran «en la misma esfera» que cualquier compañía urbana y que pueden acceder a entidades dispuestas a comprender sus circunstancias.
La diferencia no es menor. Las grandes compañías suelen disponer de departamentos financieros, asesores y mayor capacidad para negociar con los bancos. Las empresas más vulnerables ante los cambios son precisamente las que más necesitan orientación, flexibilidad y proximidad.
Por eso, Torres considera que el mayor éxito comunicativo de Iberaval ha sido humanizar la financiación. La entidad no aparece únicamente como una organización que gestiona expedientes, sino como una estructura que acompaña a personas y se implica en los problemas de su tierra. Ese «rostro humano» no debe confundirse con una rebaja de la exigencia financiera. Consiste en comprender que detrás de los millones de euros avalados existen empleos y proyectos vitales. Las cifras explican la dimensión; las historias permiten entender el impacto.
Más allá de organigramas o estatutos
El periodista atribuye a las empresas y entidades una responsabilidad que va más allá de sus estatutos. Todas tienen un objeto social y unos fines definidos, pero operan dentro de una Comunidad a la que afectan sus decisiones. Construir legitimidad exige preguntarse qué aportan al territorio, especialmente allí donde el mercado por sí solo no garantiza igualdad de oportunidades.
«El mejor servicio que puede prestar Iberaval, y que podemos prestar todos, es no olvidar las necesidades del mundo rural en la construcción de una sociedad más igualitaria y solidaria», afirma.
Su discurso rehúye, de nuevo, la idealización. Defender el medio rural no consiste en describirlo como un escenario idílico ni en reclamar que permanezca inalterado. Significa dotarlo de actividad económica, empresas, empleo y servicios que permitan elegir quedarse. Para conseguirlo hacen falta proyectos viables, pero también financiación, visibilidad y ejemplos de éxito.
Certidumbre en medio del ruido
La transformación de Iberaval durante sus primeros 45 años coincide con otro cambio mucho más amplio: la fragmentación del ecosistema informativo. Los mensajes ya no circulan únicamente a través de periódicos, radios o televisiones. Llegan mediante redes sociales, plataformas, buscadores, servicios de mensajería y canales corporativos que compiten por la atención del público. A través de modelos de Inteligencia Artificial.
Torres conoce bien esa alteración. La velocidad ha aumentado, las fronteras entre información, publicidad y propaganda se han vuelto menos nítidas y cualquier organización puede dirigirse directamente a miles de personas. Sin embargo, disponer de más canales no garantiza una comunicación mejor.
En ese contexto, considera que el principal valor que una entidad puede ofrecer es certidumbre. No significa prometer que todo irá bien ni eliminar la complejidad. Consiste en proporcionar información transparente, verificable y comprensible cuando el público está expuesto a mensajes contradictorios.
«La certidumbre se construye con transparencia, calidad informativa y veracidad», sostiene. También requiere abandonar los dobles sentidos y hablar con sinceridad, incluso cuando la respuesta no coincide con lo que el interlocutor desea escuchar.
Ese planteamiento refleja su concepción del periodismo. Hace unos años, durante unas jornadas sobre nuevas tecnologías y comunicación, Torres defendió que hacer periodismo en la era digital no difiere mucho de cómo se ha venido haciendo en el entorno tradicional: cambian los soportes y los ritmos, pero permanecen la comprobación, el rigor y la responsabilidad ante el público.
Capilaridad para avanzar
Para Torres, estos principios deben incorporarse también a la comunicación empresarial e institucional. Una entidad no puede limitarse a emitir mensajes positivos sobre sí misma. Necesita explicar qué hace, por qué adopta sus decisiones y qué resultados produce su actividad.
Además, debe desarrollar una comunicación «capilar»: estar allí donde se encuentran las personas, adaptar los canales y no esperar a que el público acuda por iniciativa propia. La cercanía que Iberaval ha construido físicamente en sus oficinas debe trasladarse también al espacio digital y a los hábitos de las nuevas generaciones de emprendedores.
La capilaridad resulta especialmente importante en Castilla y León. La dispersión territorial, el envejecimiento y las diferencias de acceso a servicios obligan a combinar herramientas digitales con presencia directa. Comunicar desde una capital y dar por hecho que el mensaje llegará a todos reproduce las mismas desigualdades que se pretenden corregir.
Ayudar al usuario a distinguir
Torres otorga a la comunicación otra función, que pasa por ordenar miles de impactos y ayudar a distinguir entre información rigurosa, bulos, propaganda y publicidad. No se trata únicamente de aumentar la notoriedad de una marca, sino de hacer comprensible su contribución al crecimiento económico y social.
Ese desafío afecta tanto a los medios como a las entidades. Ical necesita preservar la confianza de quienes utilizan sus noticias. Iberaval debe mantener la credibilidad de las empresas, las entidades financieras y las administraciones que participan en su actividad. En ambos casos, la legitimidad depende de una relación prolongada que puede erosionarse si la información pierde calidad o se distancia de la realidad.
Luis Miguel Torres lleva casi dos décadas al frente de una agencia que observa diariamente el pulso de Castilla y León. Su visión de Iberaval nace de esa experiencia. La sociedad de garantía le sirve como fuente informativa y como indicador económico, pero sobre todo como ejemplo de una organización que ha transformado su identidad pública mediante la cercanía. Y que tiene por reto seguir acercándose aún más a la sociedad.