El presidente de Iberaval, César Pontvianne de la Maza
Noticias 06/11/26 Compartir

Financiar buenas empresas sin que la falta de garantías frene su crecimiento

César Pontvianne, presidente de Iberaval desde 2019, defiende que una pyme viable no debería dejar de crecer por falta de garantías. Su visión combina prudencia financiera, conocimiento empresarial, agilidad, digitalización y trato personal. Bajo su presidencia, Iberaval ha superado los 43.000 socios, mientras que la nueva financiación anual creció más de un 50% durante los cinco ejercicios anteriores a 2025.

César Pontvianne de la Maza tenía 37 años cuando, en julio de 2019, asumió la presidencia de Iberaval.

Nacido en Salamanca en 1982, apenas un año después de que el embrión de la sociedad de garantía comenzara a funcionar, en noviembre de 1981.

Se convirtió así en el quinto presidente de la entidad y en el primero más joven que la organización que pasaba a liderar. Llegó al cargo hablando de «gratitud, responsabilidad y humildad», pero también fijando una ambición poco disimulada: hacer de Iberaval un referente del sistema español de garantías.

Su trayectoria quedó vinculada muy pronto a Plásticos Durex, la empresa fundada por su familia, dedicada a la transformación de elastómeros y termoplásticos y con una fuerte presencia en la industria auxiliar de automoción.

Entró en ella desde abajo, y terminó asumiendo la responsabilidad de consejero delegado. Las circunstancias mandaron. Pero la realidad es que conoce lo que significa mirar una inversión no desde el Excel de quien presta el dinero, sino desde la cuenta corriente de quien ha de devolverlo.

Sabe que una nueva máquina puede aumentar la productividad, pero también convertirse durante años en deuda; que aceptar un gran pedido obliga a comprar material y contratar antes de cobrar; y que crecer puede tensionar la tesorería de una empresa aparentemente sana.

Las cosas claras

Todo eso lo conoce Pontvianne a la perfección.

Y ese aprendizaje estuvo muy presente también durante su paso por Empresa Familiar de Castilla y León.

Fue presidente del Fórum Familiar, vicepresidente de la asociación y, entre 2018 y 2020, presidió una organización que agrupaba entonces a más de 150 compañías familiares.

Allí defendió cuestiones que siguen apareciendo en su discurso: ganar tamaño, acercar la educación a la empresa, mejorar la competitividad, darse a conocer y conseguir que las administraciones comprendan mejor las consecuencias prácticas de sus decisiones.

A Iberaval había llegado antes. Se incorporó a su Consejo de Administración en 2017 y dos años después asumió la Presidencia.

La conexión era incluso anterior a él: la empresa de su familia figuraba como socio histórico de esta sociedad de garantía. Hay, por ello, algo circular en su trayectoria. Algo de cerrar el círculo.

El empresario que encabeza una compañía familiar termina presidiendo una organización basada precisamente en una idea mutualista: empresarios que se respaldan entre sí para mejorar su acceso a la financiación.

Y esa condición marca el tono con el que Pontvianne habla de Iberaval.

El presidente de Iberaval, César Pontvianne de la Maza, durante la conversación

En el justo término medio

No presenta el crédito como una concesión ni el riesgo como algo que deba evitarse a cualquier precio.

Tampoco convierte el aval en un derecho automático. Su posición se encuentra deliberadamente a la mitad: rigor para distinguir los buenos proyectos y decisión para financiarlos cuando merecen una oportunidad.

«La prudencia no consiste en no hacer nada, sino en analizar bien y asumir riesgos razonables cuando existe un proyecto sólido», sostiene.

Esa filosofía ha llevado a Iberaval a crecer de manera muy destacada desde que él accedió a la Presidencia.

Y, sí, las cifras son grandes, pero Pontvianne insiste, sin embargo, en mirar detrás de ellas.

«Yo siempre digo que la mayor satisfacción que brinda Iberaval es ver que tras cada proyecto hay empleos respaldados, y en este momento contribuimos al sostenimiento de casi 300.000 puestos de trabajo», sentencia

Si tuviera que reducir los 45 años de Iberaval a una única aportación, Pontvianne no escogería el volumen de avales acumulado ni la palabra liderazgo.

Entre una buena empresa y el dinero que necesita

De hecho, no duda al situar a la sociedad de garantía en un espacio mucho menos visible: el que existe entre una empresa que tiene un proyecto viable y los recursos que necesita para hacerlo realidad. Ese intervalo puede ser pequeño sobre el papel y enorme en la vida de una pyme. Y es que algo común que no siempre se prevé es que se puede carecer de las garantías exigidas por una operación bancaria.

En ese punto, el proyecto corre el riesgo de detenerse no porque sea malo, sino porque la estructura financiera no termina de encajar. «Ahí es donde intervenimos nosotros», explica Pontvianne. Iberaval no pretende sustituir a las entidades financieras, sino complementar su análisis, compartir riesgo y ayudar a que el crédito llegue a empresas capaces de utilizarlo y devolverlo. Ese papel de puente ha permitido financiar inversiones, ampliaciones, contrataciones y necesidades de circulante. También ha cobrado especial relevancia en los momentos de crisis.

Pontvianne cita la crisis financiera, la pandemia, la escalada de los costes energéticos o las subidas de tipos de interés como episodios en los que disponer de liquidez en el momento adecuado podía determinar la continuidad de una actividad.

Para Pontvianne, uno de los logros que puede terminar dándose por supuesto después de 45 años es precisamente la existencia de ese mecanismo.

El presidente de Iberaval, César Pontvianne de la Maza, durante la conversación

La aventura de emprender

El empleo, la recaudación o el crecimiento no aparecen espontáneamente: en algún momento una persona ha decidido crear una empresa, endeudarse para comprar un equipo, ampliar unas instalaciones o contratar trabajadores sin saber con absoluta certeza cómo será el mercado dentro de cinco años.

Su defensa del empresario no elimina la exigencia. Al contrario. Pontvianne considera que las compañías tienen que acudir a la financiación con contabilidad actualizada, previsiones razonables de tesorería y proyectos capaces de explicar qué necesitan, para qué y cómo devolverán los recursos. Esperar hasta que el problema de caja se ha convertido en una emergencia reduce las alternativas. Pero exige también al otro lado.

No considera coherente pedir a una pyme que invierta, innove, exporte, se digitalice, crezca y genere empleo mientras se enfrenta a procesos excesivamente largos, normas cambiantes o dificultades para obtener financiación a medio y largo plazo.

Una inversión empresarial puede necesitar una década para amortizarse; la incertidumbre regulatoria tiene, por tanto, un coste económico real.

La importancia del tiempo

Pontvianne mantiene compromisos de respuesta ágiles, como no puede ser de otra forma en los tiempos que corren. La rapidez, subraya, no significa analizar menos: significa organizar el proceso para decidir antes.

Hay otro elemento que los modelos automáticos no siempre capturan. Dos balances similares pueden esconder empresas muy diferentes. Una tensión de tesorería puede ser señal de deterioro, pero también consecuencia de un crecimiento rápido, de un incremento de pedidos o del desfase entre pagar a treinta días y cobrar a noventa.

Por eso Pontvianne reivindica la capacidad de «leer» una empresa además de leer sus números. Saber quién la dirige, cómo funciona su sector, qué clientes tiene, para qué solicita el dinero y qué está ocurriendo en su mercado.

El presidente de Iberaval, César Pontvianne de la Maza, durante la conversación

Empresarios ayudando a empresarios

En ocasiones, explica, la función de Iberaval será respaldar la financiación solicitada. En otras, consistirá en advertir que la operación planteada puede comprometer el futuro del negocio y proponer una estructura diferente. «Decir que sí es importante, pero decir cómo y en qué condiciones lo es todavía más».

Ese conocimiento directo está en el origen del modelo de garantía recíproca. Iberaval pertenece mayoritariamente a pymes, autónomos y emprendedores.

«Empresarios ayudando a empresarios» no es para Pontvianne un eslogan sentimental, sino una forma de introducir experiencia empresarial en la evaluación del riesgo.

Él mismo representa bien esa lógica. Ha tenido que invertir, gestionar estructuras industriales y tomar decisiones con consecuencias sobre una plantilla.

Cuando habla de un crédito no describe únicamente un producto financiero; conoce el peso que adquiere una cuota de amortización cuando las ventas se ralentizan o el alivio que puede proporcionar un plazo bien dimensionado.

Ese carácter mutualista, advierte, tampoco significa indulgencia. La cercanía no puede utilizarse para justificar operaciones inviables. Quien avala administra recursos y asume riesgos; precisamente por eso tiene la obligación de evaluar con rigor.

La automatización del sistema

El desafío aparece cuando esa cultura se enfrenta a la automatización acelerada del sistema financiero. Los algoritmos pueden ordenar grandes cantidades de información, identificar patrones de riesgo y eliminar tareas repetitivas.

Pontvianne no plantea resistirse a esa transformación. Su planteamiento es utilizarla para dedicar menos tiempo al trámite y más al empresario.

«La digitalización debe servir para quitar esperas y trámites, no para poner una pantalla entre Iberaval y la empresa», afirma.

La diferencia resulta particularmente relevante para las pymes. Un modelo estadístico puede identificar un deterioro en una ratio, pero no necesariamente interpretar un proceso de relevo generacional, la pérdida coyuntural de un cliente importante o el contrato que obligará a una compañía a aumentar súbitamente su producción.

Pontvianne defiende por ello una combinación aparentemente paradójica: más tecnología y más trato personal.

Los datos deben acelerar las decisiones y mejorar su precisión. La inteligencia artificial puede ayudar a evaluar operaciones y anticipar necesidades. Pero la decisión exige supervisión profesional y la posibilidad de que el empresario explique aquello que no cabe en una casilla.

El presidente de Iberaval, César Pontvianne de la Maza, durante la conversación

Con IA, pero también con criterio personal

Ese planteamiento lleva a otro de los retos que identifica para Iberaval: la especialización.

Las necesidades de una industria exportadora poco tienen que ver con las de un comercio, una compañía tecnológica, una explotación agroalimentaria o un autónomo que acaba de iniciar su actividad.

Cuanto mayor sea el conocimiento sectorial, sostiene, más rápido podrá determinarse qué estructura financiera necesita cada proyecto.

La proximidad, además, tiene que demostrarse. Pontvianne la mide con criterios poco grandilocuentes: que alguien conteste al teléfono, que el empresario sepa quién está estudiando su solicitud, qué documentos necesita y cuándo recibirá una respuesta; y que, si la decisión es negativa, alguien se la explique.

Su advertencia es especialmente significativa al frente de una entidad que continúa creciendo: Iberaval no puede convertirse en «una capa adicional de burocracia».

El riesgo aumenta a medida que lo hace cualquier organización.

En 2025, la sociedad superó por primera vez los 40.000 socios y su riesgo vivo creció, una vez más, de manera importante.

50 por ciento de crecimiento

Durante los cinco ejercicios anteriores, la nueva financiación anual había aumentado en conjunto más de un 50 por ciento.

Y la expansión territorial ha añadido complejidad. Iberaval, nacida en Castilla y León, ha extendido su actividad a otros territorios y en 2025 aprobó la integración con la sociedad de garantía cántabra Sogarca.

El crecimiento obliga, por tanto, a resolver una tensión semejante a la que afrontan muchas de las empresas que financia: ganar tamaño sin perder agilidad.

Para Pontvianne, la respuesta no pasa por escoger entre la Iberaval próxima de siempre y una organización tecnológica capaz de manejar grandes volúmenes de información.

El objetivo es que la segunda permita mejorar la primera: «ser todavía más humanos, más rápidos y más precisos».

El presidente de Iberaval, César Pontvianne de la Maza, durante la conversación

Que el código postal no decida quién

La sociedad de garantía intenta reducir brechas mediante presencia territorial y acuerdos con administraciones, organizaciones empresariales y entidades financieras.

Los programas bonificados de Castilla y León incluyen además instrumentos específicos para autónomos y empresas situados en municipios de menos de 20.000 habitantes fuera del entorno inmediato de las capitales, con financiación tanto para inversión como para circulante.

Pontvianne introduce aquí una distinción importante: democratizar el crédito no significa concederlo indiscriminadamente.

La igualdad consiste en que una buena empresa pueda ser analizada con rigor con independencia de su tamaño, su notoriedad o el municipio en el que haya nacido.

El criterio final debe seguir siendo su capacidad para sacar adelante el proyecto y devolver la financiación.

La repercusión de esa decisión supera, especialmente en el medio rural, los límites de la empresa. Cuando un taller compra maquinaria, una industria agroalimentaria moderniza su fábrica o un comercio encuentra a alguien dispuesto a asumir el relevo, también permanecen empleos, proveedores, clientes y servicios.

Recursos y respaldo

«Una empresa en un pueblo no es solamente una cuenta de resultados. Puede ser una de las razones por las que varias familias continúan viviendo allí», señala Pontvianne.

El presidente pide abandonar parte de la retórica sobre la despoblación y trasladar el debate a las condiciones concretas de competitividad.

Un empresario rural necesita financiación, pero también conectividad, vivienda para atraer trabajadores, suelo, comunicaciones y servicios públicos. Iberaval puede actuar sobre una pieza del problema, no resolverlo entero.

También rechaza instalar a Castilla y León en una narrativa permanente de desventaja. Reivindica su capacidad industrial, sus empresas exportadoras y sus profesionales. Las dificultades territoriales existen, admite, pero no deberían transformarse en una condena ni en la explicación automática de todo aquello que no funciona.

César Pontvianne, presidente de Iberaval

El futuro ya está aquí

Mirando hacia el 50 aniversario, el reto que plantea no consiste únicamente en prestar más. Consiste en financiar mejor lo que determinará la competitividad de las empresas durante la próxima década.

La lista incluye automatización, eficiencia energética, digitalización, internacionalización, innovación, circulante y relevo generacional. También introduce una dificultad creciente: los activos intangibles.

Para el sistema financiero resulta relativamente sencillo comprender la financiación de una nave o una máquina. Existe un activo físico identificable detrás de la operación. Pero una parte cada vez mayor del valor de las empresas reside en software, datos, formación, diseño, patentes, conocimiento o el coste de entrar en un nuevo mercado.

«El sistema de garantías tiene que aprender a evaluar mejor esas inversiones sin abandonar la prudencia», sostiene Pontvianne.

Clientes que son socios

Dentro de Iberaval, Pontvianne identifica una transformación que considera inaplazable: orientar por completo la organización hacia el cliente. Simplificar procedimientos, utilizar mejor los datos y reducir tiempos, pero también conseguir que la empresa conozca la sociedad de garantía antes de necesitarla con urgencia.

Quiere que el empresario acuda cuando empieza a pensar en una inversión, no cuando el problema ya está encima de la mesa.

Cuanto expresa explica al hombre que preside Iberaval.

César Pontvianne no propone escoger entre prudencia y ambición, entre algoritmo y conversación, entre crecimiento y arraigo. Su trabajo consiste precisamente en mantener esas tensiones en equilibrio. Porque financiar una empresa nunca es eliminar el riesgo.

Es comprenderlo lo suficiente como para que un buen proyecto no termine, por falta de garantías, olvidado en un cajón.

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