
Silvia Tomillo y Carlos Moro: innovación, financiación y tecnología para transformar el medio rural
Silvia Tomillo y Carlos Moro conversan en el videopodcast «Compromiso Iberaval» sobre innovación, digitalización agrícola, financiación y desarrollo empresarial en el medio rural.
Escucha el podcast
Este reproductor se muestra desde Spotify, que usa cookies de terceros.
Digitalizar el campo, gestionar mejor el agua, preservar el conocimiento de las explotaciones, anticiparse a los cambios de consumo y financiar el crecimiento empresarial. Son algunos de los grandes retos abordados por Silvia Tomillo Alonso y Carlos Moro en el estreno de la nueva etapa de Compromiso Iberaval, que evoluciona hacia el formato de videopodcast para seguir acercando al público experiencias útiles para pymes, autónomos y emprendedores.
Tomillo, vinculada a la creación y evolución de AGM Global y de su vertical agrícola Viña Metrics, representa a una generación de empresas tecnológicas que ha tenido que aprender a escuchar al mercado, modificar su modelo de negocio y convertir herramientas avanzadas en soluciones comprensibles para agricultores y bodegas. Moro, fundador y presidente de Bodegas Familiares Matarromera, aporta la perspectiva de un proyecto que, desde 1988, ha crecido mediante la investigación, la construcción de marca, la diversificación y una estrecha vinculación con el medio rural.
Sus experiencias muestran que innovar no equivale simplemente a incorporar sensores, inteligencia artificial o nuevos procesos industriales. También exige gestionar la tesorería, asumir riesgos, encontrar financiación, profesionalizar los equipos y saber abandonar o reformular aquellas iniciativas que todavía no cuentan con un mercado preparado.
Tecnología útil sobre el terreno
AGM Global nació hace una década a partir de una idea vinculada al ahorro de agua y a la mejora de la sostenibilidad económica y medioambiental de los cultivos. Entre sus primeros desarrollos figuraban sensores capaces de analizar la capacidad hídrica de las hojas y contribuir a calcular las necesidades de riego. Sin embargo, la respuesta comercial fue más lenta de lo esperado.
«La primera sostenibilidad que tiene que haber para las empresas debe ser económica», sostiene Silvia Tomillo. La afirmación resume una de las principales enseñanzas de su trayectoria: una innovación técnicamente avanzada puede fracasar si el cliente no percibe todavía el problema, no entiende la propuesta o no identifica un retorno económico concreto.
La falta de demanda obligó a la empresa a reforzar su actividad en el ámbito de las telecomunicaciones. No fue una decisión estratégica diseñada con comodidad desde un despacho, sino una cuestión de supervivencia. Tomillo recuerda que llegó a vender su coche para poder pagar las nóminas y mantener al equipo mientras buscaba nuevos ingresos. Uno de los primeros profesionales que confió en la compañía se llamaba Pepe. Ese mismo nombre identifica hoy al sistema de inteligencia artificial desarrollado por la empresa.
Este vídeo se muestra desde YouTube, que usa cookies de terceros.
La apuesta por Viña Metrics
Tras crecer en telecomunicaciones, la compañía decidió recuperar su propósito inicial y diferenciar de nuevo el área agrícola mediante Viña Metrics. Su propuesta abarca desde el campo hasta la botella y busca aportar trazabilidad, control del consumo de agua y energía, conservación del conocimiento interno y apoyo a la toma de decisiones.
La herramienta se ha planteado como un servicio modular. Cada explotación puede comenzar por aquello que más necesita: digitalización, trazabilidad, eficiencia energética o control de determinados procesos. La inteligencia artificial permite además analizar información procedente de diferentes zonas y adaptar el sistema sin encarecer hasta hacer inviable cada proyecto.
Tomillo identifica dos grandes frenos a la digitalización agrícola: que una parte del sector aún no percibe su necesidad y que tampoco visualiza con claridad su rentabilidad. Por eso reclama un esfuerzo pedagógico a las propias empresas tecnológicas. «No les digas que usamos inteligencia artificial; ellos quieren una solución», explica. Lo relevante para el agricultor no es conocer el nombre del modelo utilizado, sino saber cuánto puede ahorrar, cómo puede reducir insumos o si podrá detectar una enfermedad con tiempo suficiente para actuar.
Digitalización = Supervivencia
«La supervivencia de nuestro campo y de nuestra industria, en la parte de agricultura, es la digitalización», advierte la empresaria. La tecnología, añade, debe contribuir a que agricultores y bodegas se reconozcan como empresas que compiten en un mercado global y necesitan medir sus procesos. «Lo que no se mide no se mejora», resume.
La compañía cuenta actualmente con trece empleados estables, además de colaboradores que se incorporan durante determinados proyectos, y prevé sumar otras diez personas. Su crecimiento vuelve a poner sobre la mesa uno de los asuntos centrales para cualquier pyme: la relación entre inversión, liquidez y velocidad de expansión.
Tomillo admite que las dificultades de tesorería vividas durante los primeros años la llevaron a adoptar una posición demasiado conservadora. A su juicio, Viña Metrics podría haber crecido más deprisa con mayor respaldo financiero. «La financiación te permite crecer mucho más rápido y hay olas que coges o se te pasan», señala.
Investigación y arraigo para ganar dimensión
La experiencia de Carlos Moro permite observar esos mismos desafíos desde una empresa que se acerca a las cuatro décadas de actividad. Matarromera nació en Valbuena de Duero con la voluntad de elaborar vinos de alta calidad, construir marcas reconocibles y generar un ecosistema económico y laboral alrededor del territorio.
El grupo ha crecido hasta reunir once bodegas y ha extendido su actividad a ámbitos como el aceite de oliva, la almendra, la cosmética, la biotecnología, el enoturismo y los vinos de baja graduación o sin alcohol. También gestiona 1.320 hectáreas, de las que 870 corresponden a viñedo. El punto de partida, recuerda Moro, fueron las alrededor de 200 hectáreas que recibió de sus padres en 1992.
Ese crecimiento se ha apoyado en una combinación de recursos propios, financiación bancaria y respaldo de entidades como Iberaval. «La función de la banca y de Iberaval es absolutamente sustantiva para la creación, el desarrollo y el sostenimiento de todas las empresas», afirma.
Financiación como clave
La financiación, sin embargo, no elimina la necesidad de escoger. Moro reconoce que un empresario abre muchos caminos y que no todos llegan a consolidarse. La diversificación aporta estabilidad, pero también consume recursos, exige estructuras profesionales y obliga a priorizar aquellas actividades con mayor capacidad de crecimiento.
En el caso de Matarromera, la investigación ha sido uno de los ejes de esa evolución. El grupo cuenta con trece patentes y fue seleccionado por Microsoft, Intel y Telefónica como modelo de trazabilidad para la industria alimentaria en el sector vitivinícola. La transformación digital también ha modificado la comunicación, la comercialización, el comercio electrónico y la organización interna de las bodegas.
Moro defiende que elaborar un producto excelente ya no es suficiente: hay que explicarlo, posicionarlo y venderlo en mercados cada vez más competidos. «Hay que hacer el mejor vino, pero luego hay que ser capaz de que lo entienda, lo conozca, lo pruebe y lo compre el resto del mundo», afirma.
Uno de los ejemplos más claros de anticipación empresarial fue la apuesta por el vino sin alcohol. El proyecto comenzó hace más de dos décadas, cuando la categoría apenas contaba con aceptación dentro del sector. Tras años de investigación, la compañía lanzó su primera referencia en septiembre de 2008. La reacción inicial de algunos mercados obligó a seguir perfeccionando el producto hasta alcanzar graduaciones todavía más bajas.
«Veámoslo. Experimentemos. Investiguemos. Hagámoslo», recuerda Moro sobre la respuesta que dio a quienes dudaban de que pudiera elaborarse un vino de estas características. La actividad, que durante años requirió fuertes inversiones, es rentable desde hace cuatro o cinco ejercicios y ha pasado de recibir el reconocimiento de especialistas a encontrar una demanda creciente entre consumidores de perfiles diversos.
Saturación del mercado vinícola
El presidente de Matarromera también advierte de una cierta saturación del mercado vitivinícola, en el que la capacidad productiva crece por encima de la demanda de consumo. De ahí la apuesta del grupo por profundizar en mercados, fortalecer sus marcas y diversificar hacia cultivos y actividades que mantengan sinergias con el viñedo.
Esa vinculación con el territorio se extiende a los Premios EmprendEs, promovidos por la Fundación Carlos Moro de Matarromera con la colaboración de Iberaval. La convocatoria de 2027 buscará nuevamente proyectos capaces de generar actividad empresarial y social en el medio rural. El premio principal alcanza una valoración aproximada de 35.000 euros en servicios, entre ellos creación de páginas web, seguros y formación, y la iniciativa incorpora también reconocimientos para proyectos de carácter social.
Las conversaciones con Silvia Tomillo y Carlos Moro dejan así un retrato amplio de la empresa rural contemporánea. Una empresa que debe competir internacionalmente, incorporar tecnología, proteger su conocimiento, comunicar mejor y contar con recursos financieros suficientes, pero que también necesita mantener una relación directa con las personas y los lugares en los que nació.
La nueva etapa de Compromiso Iberaval continuará mensualmente en formato de videopodcast, con empresarios, emprendedores y especialistas llamados a compartir decisiones, errores y aprendizajes que puedan resultar útiles para quienes están poniendo en marcha o haciendo crecer sus propios proyectos.