Suena casi a tópico. De hecho, hemos hablado de ello hace apenas unas semanas: «un emprendedor tiene que fracasar al menos una vez hasta lograr un proyecto de éxito».  No tiene por qué ser así necesariamente y de esta forma lo expresamos en su día.

Una realidad objetiva es que ni los grandes logros ni el fracaso son términos definitivos. Es más, acostumbrarnos al éxito puede traernos serias dificultades en nuestra trayectoria empresarial.

Tener claro que la experiencia da un bagaje que evita cometer errores del pasado en nuevos proyectos es relevante. Pero a la vez, no se debe pensar que si se repiten fórmulas exitosas pasadas. El resultado, a priori, de esa manera va a ser el mismo. Casi con  toda seguridad las circunstancias hayan cambiado. A medida que pasa el tiempo todo evoluciona, también el mercado, la competencia o el producto.

Un buen ejemplo de ello puede ser un negocio familiar: los herederos pretenden repetir el éxito de sus predecesores manteniendo la misma fórmula… Error. Normalmente, ya nada es igual. No tienen la misma competencia, seguramente su base de clientes hayan cambiado. O ya no demandan los mismos productos y servicios. Por ende, los resultados no serán los mismos.

Corto-medio plazo

El tan manido «para qué cambiar algo, si funciona» no suele ser una fórmula idónea para el desarrollo de un negocio. Quizá nos pueda servir en el corto–medio plazo, pero al igual que evolucionamos como personas, cambia la sociedad. Y, con ella, nuestras necesidades.

Debemos adaptarnos a nuevas circunstancias sin olvidar, eso sí, la experiencia previa. Desgranar y analizar qué carbura, qué es necesario actualizar. O, directamente, qué debemos descartar o suprimir.

Todo tiene un principio y un fin. Pero en ocasiones estamos tan convencidos de la exitosa trayectoria de nuestro negocio que, simplemente, nos negamos a admitir que algo no está funcionando.

No es fácil, pero asumir que esos momentos cumbre pueden ser tan efímeros como el fracaso, nos ayudará de manera significativa en nuestro desarrollo empresarial e, incluso, personal.

Foto. Flickr

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