Ir a la tienda o teclear www.amazon.es. Para miles de consumidores españoles, ésta es una de las grandes dudas de estas Navidades. Los datos dicen que, al menos en este año, no habrá vencedores ni vencidos. O, más bien, que todos ganarán. Los gigantes del comercio online batirán récords de ventas. Pero también los comercios físicos se preparan para una campaña navideña histórica. Según el estudio que Randstad publica cada año por estas fechas, se generarán unos 387.000 contratos temporales, lo que supone un aumento del 11,1 por ciento respecto a la cifra registrada el año anterior. “Será la mejor de la Historia en España», afirma el estudio.

Ha sido un año muy bueno en creación de empleo y con un fuerte crecimiento económico. Y lo lógico es que eso tenga traducción en el comercio. Pero más allá de la coyuntura, lo cierto es que este sector se enfrenta a un terremoto que ya está removiendo los cimientos de un modelo de negocio que parecía más o menos inmune a los cambios tecnológicos. Siempre habrá que comprar y siempre tendrá que haber tiendas que nos sirvan los productos que necesitamos. O eso pensábamos…

Desde hace años se habla del efecto Amazon y de las consecuencias que tendrá en el pequeño comercio. Ahora ya se asume que también las tendrá para el grande y para formatos que parecían intocables, como los centros comerciales o los supermercados.

Muchos se preguntan si son estas las últimas grandes Navidades de nuestras tiendas. Probablemente no. Tampoco aquí hay que ser catastrofistas. Hay muchas tendencias diferentes y algunas tiran de nosotros en direcciones contrarias. Lo que sí está claro es que la forma de comprar va a cambiar (en realidad, ya lo ha hecho) y que los que mejor se adapten y anticipen tienen todas las de ganar.

Estados Unidos, a la cabeza

Cuidado, esto no quiere decir que todas las tiendas vayan a cerrar mañana. Hay que mirar las cosas con cierta perspectiva. Incluso en Estados Unidos, el país en el que el comercio online más desarrollado está, todavía no alcanza el 10 por ciento de cuota de mercado en el conjunto del comercio al por menor.

En cualquier caso, lo que destaca es que actividades que han proporcionado el esqueleto comercial sobre el que se organizaban nuestras ciudades están viendo un cambio radical en su forma de negocio por la competencia online. ¿Veremos ciudades vacías, con las persianas echadas,  con el devastador efecto que eso puede tener para el centro urbano? ¿O al contrario, volverá el comercio especializado? Son preocupaciones que van más allá del destino del sector. Nadie lo sabe. Lo cierto es que en gran medida, depende de nosotros, de los consumidores.

En Iberaval tenemos claro que comprar en el comercio tradicional es apostar por lo cercano, por  dar valor a lo próximo. Por vivir pegados a la vida en nuestra zona, a nuestro barrio y por respaldar a los emprendedores que, día a día, tratan de salvar barreras e intentan inyectar vida a nuestros municipios. El comercio de proximidad siempre ha sido una parte fundamental en nuestro modelo de convivencia.

Aunque, bien es cierto que ese comercio de barrio, de nuestro entorno, debe mirar al frente y tratar de adaptarse, en la medida de lo posible, a la nueva realidad: estamos en un mercado global. No es sencillo, pero es necesario.

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