Palabra real

Hay que innovar. Es palabra de Rey… «En un mundo tan globalizado, quien no innova queda a remolque de los demás». Así se expresaba Felipe VI la pasada semana durante la entrega de los Premios Nacionales de Innovación y Diseño. En ese marco, destacaba la importancia de la innovación, tanto para los emprendedores como para las empresas.

La innovación se convierte en la herramienta imprescindible para garantizar la supervivencia de las empresas. Ya sean grandes o pequeñas.

La clave está en introducir la innovación. Una recomendación que realizan, además del propio Rey Felipe, las principales consultoras y escuelas de negocio. Y estudios en los que se pone de manifiesto que la innovación tiene un impacto positivo en el resultado de la empresa.

Capacidad de supervivencia

Es la clave, y no sólo para que vaya mejor la compañía y se crezca más rápido y con más éxito. Sino también para sobrevivir a las sacudidas de los mercados. Porque es un hecho que la innovación hace a las empresas más competitivas y adaptativas al cambio.

Para muchas pequeñas empresas, hacer las cosas de manera diferente, con anticipación y sabiendo adaptarse a las necesidades que marca el mercado es la verdadera aplicación de la innovación.

Este término está comúnmente relacionado con la aplicación de las nuevas tecnologías, la investigación y el desarrollo en la empresa, pero la innovación en las pymes se basa también en la redefinición y optimización de sus procesos.

El planteamiento general de cualquier negocio, hasta ahora estaba orientado a que la empresa pudiera perdurar en el tiempo. Ahora, además de esta consideración, debemos tener en cuenta si la empresa está preparada para afrontar dicho cambio.

Cambio y evolución

Es evidente que si el sector en el que trabajamos cambia y evoluciona, nosotros debemos adaptarnos a ello. Nuestros competidores innovan y ofrecen nuevos productos o servicios; nuestros clientes nos demandan esas novedades y nuestros proveedores nos ofrecen esos nuevos productos. Si no estamos preparados para ello, no podremos perdurar como negocio.

Es un hecho: en los años 70 y 80 la competencia empresarial se basaba en el coste, en los 90 en la eficiencia productiva y en este siglo XXI la competencia empresarial se basa en la diferenciación.

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