Isabel López Resina, CEO de Santa Teresa Gourmet
Noticias 15/10/26 Compartir

Innovar para que Santa Teresa Gourmet siga creciendo desde Ávila

Isabel López Resina dirige Santa Teresa Gourmet desde 2013 y ha contribuido a transformar una marca fundada en Ávila en 1860 en una compañía agroalimentaria que comercializa sus productos en más de veinte países. La directiva, consejera de Iberaval e impulsora del asociacionismo agroalimentario, defiende que innovación y financiación son esenciales para que las pymes puedan crecer, profesionalizarse y superar coyunturas adversas sin perder su identidad.

Isabel López Resina dirige una empresa fundada en 1860, pero no parece especialmente interesada en vivir de la nostalgia. Respeta y disfruta la historia de Santa Teresa Gourmet, conserva aquello que da identidad a la marca y reconoce el valor de unas yemas elaboradas durante generaciones. Sin embargo, su forma de honrar ese legado consiste en someterlo continuamente a una pregunta: qué hay que construir sobre ella para que siga teniendo futuro.

Esa tensión entre tradición e innovación define buena parte de su trayectoria. Isabel López Resina es licenciada en Derecho por la Universidad de Salamanca, cuenta con un MBA por IE Business School y ha desarrollado prácticamente toda su carrera profesional en Santa Teresa. Antes de asumir la dirección general en 2013, pasó por responsabilidades comerciales, de gestión de grandes cuentas y de estrategia de comercialización. No llegó, por tanto, directamente al despacho principal: conoció la empresa desde áreas donde las decisiones se enfrentan cada día al mercado y al consumidor.

Desde la Dirección ha contribuido a ampliar la dimensión de una compañía que nació como una pequeña confitería artesanal de Ávila. Santa Teresa comenzó su internacionalización en 2012, comercializa sus productos en más de veinte países e inauguró en 2018 unas nuevas instalaciones dotadas de tecnología para modernizar la producción sin abandonar sus recetas tradicionales.

Isabel López Resina, durante la conversación con Iberaval

Multitask

Isabel López Resina es de esas empresarias capaces de pasar de una reunión sobre costes, materias primas o distribución a defender la formación profesional, la cooperación entre compañías, la internacionalización, la sostenibilidad o la financiación de las pymes. Derrocha energía ante cada causa que se le pone por delante, especialmente cuando afecta al desarrollo de Ávila o al futuro de la industria agroalimentaria.

Durante seis años presidió AvilAgro, la asociación empresarial creada para cohesionar el sector agroalimentario de la provincia. Bajo su impulso inicial, la organización reunió ya en su primer ejercicio a 45 empresas, y promovió formación, cooperación, exportación, innovación y análisis de las necesidades logísticas del sector.

También forma parte del Consejo de Administración de Iberaval en representación de Yemas de Santa Teresa. Desde ese espacio aporta la visión de quien conoce una planta de producción, los márgenes de la alimentación, la tensión de la tesorería, los cambios en el consumo y la necesidad de invertir antes de comenzar a recoger resultados. Su presencia responde precisamente al modelo de una sociedad de garantía en la que los propios empresarios participan en la toma de decisiones.

Pero, López Resina puede ponerse el mundo por montera porque su ambición no se cimenta en la improvisación. Detrás de su energía hay planes de negocio, conocimiento del producto, lectura del mercado y una idea insistente: una empresa radicada en Ávila no está condenada a pensar en pequeño.

El papel de Iberaval

De manera que Santa Teresa es hoy una marca centenaria, pero hace tres décadas su continuidad no estaba asegurada. Isabel López Resina recuerda que la compañía atravesaba una situación financiera crítica y que la refinanciación de su deuda resultaba inviable sin el respaldo de Iberaval. La sociedad de garantía facilitó una operación que facilitó una nueva etapa. Aquel cambio supuso abandonar el modelo de una pastelería que había quedado económicamente agotada para avanzar hacia una industria agroalimentaria profesionalizada, capaz de crecer fuera de Ávila y de ampliar su gama de productos. «Santa Teresa existe como tal hoy gracias, en parte, a Iberaval», afirma de manera categórica.

La historia permite comprender que la transformación de Santa Teresa no comenzó con una campaña de imagen, sino con una reestructuración empresarial. La compañía tuvo que ordenar su situación financiera, cambiar de propiedad, profesionalizar la gestión y buscar productos capaces de complementar a las tradicionales yemas.

Isabel López Resina, durante la conversación con Iberaval

Innovar para que la historia no se detenga

El membrillo se convirtió en una de las primeras grandes apuestas de esa nueva etapa. Después llegaron gazpachos, cremas, platos preparados y otras referencias dirigidas a un consumidor que busca alimentos naturales y de calidad. La empresa conserva la receta original de sus yemas, pero ha ampliado su actividad mucho más allá de la confitería con la que comenzó en el siglo XIX.

López Resina ha hecho de esa evolución una forma de entender la innovación. No se trata de lanzar novedades para aparentar modernidad, sino de adaptar productos, procesos, envases y canales comerciales a unos hábitos de consumo que cambian con rapidez. Santa Teresa actúa. Y por ello trabaja en proyectos relacionados con el aprovechamiento de subproductos, la sostenibilidad y el desarrollo de nuevas gamas.

La directiva resume esa filosofía con una frase contundente: «Innovar no es una opción, es una herramienta de supervivencia para las pymes». La afirmación adquiere especial sentido en una compañía que ha superado muchas marcas. La longevidad no la ha protegido de las crisis, la transformación digital o los cambios en la distribución; la ha obligado a reaccionar más veces.

Pero el liderazgo de esta abulense ejerciente se apoya precisamente en esa capacidad para no considerar incompatible lo antiguo con lo nuevo. Una receta puede conservarse intacta y, al mismo tiempo, cambiar su presentación, su comercialización o el público al que se dirige. Una marca profundamente vinculada a Ávila puede vender en Alemania, Francia, Reino Unido, Estados Unidos o Japón. Una empresa familiar puede adoptar estructuras profesionales sin renunciar a su personalidad.

Y ella sabe contarlo como aquellos juglares que hacían a pueblos enteros escuchar absortos los cantares de gesta.

Conciliación con lo público

Su experiencia en el Consejo de Administración de Iberaval le ha permitido observar la financiación empresarial desde el otro lado de la mesa. López Resina conoce la entidad como representante de una empresa beneficiaria de su apoyo, pero también como consejera que participa en el análisis de operaciones y en el seguimiento de su evolución.

Desde esa posición, utiliza una expresión poco convencional para describir lo que encuentra en cada reunión: asegura que el funcionamiento de Iberaval le permite «reconciliarse con lo público». Destaca la gestión de los recursos, la profesionalización de la estructura y la ambición por ampliar la actividad a nuevos territorios y sectores.

La afirmación encierra también una exigencia. Como empresaria y contribuyente, espera que los recursos con respaldo público se asignen con rigor y generen un efecto real sobre la economía. A su juicio, Iberaval demuestra que una institución apoyada por las administraciones puede funcionar con criterios profesionales, cercanía empresarial y capacidad para asumir volumen sin perder el conocimiento de cada proyecto.

López Resina no presenta el aval como una ayuda sin condiciones. Lo define como una alianza económica acompañada de exigencia. La financiación debe partir de un plan de negocio viable y suele obligar a las compañías a avanzar en profesionalización, digitalización e innovación.

Isabel López Resina, durante la conversación con Iberaval

Cuando el proyecto pesa más que el momento

Esa disciplina resulta especialmente importante en el sector agroalimentario. Las empresas trabajan con márgenes condicionados por el precio de la energía, el transporte, los salarios y unas materias primas sometidas a oscilaciones difíciles de controlar. Un ciclo inflacionista o una subida brusca de los costes puede deteriorar temporalmente los resultados incluso cuando el modelo empresarial continúa siendo sólido.

En esas circunstancias, Isabel López Resina considera que la evaluación debe ser capaz de distinguir entre el momento económico y la calidad del proyecto. «El proyecto pesa más que el momento», sostiene. El respaldo financiero permite que una empresa viable no quede arrastrada por una coyuntura adversa, pero también obliga a demostrar que dispone de estrategia, mercado y capacidad de gestión.

La experiencia de Santa Teresa ilustra esa lógica. Hace tres décadas, la empresa atravesaba dificultades que la banca tradicional no estaba dispuesta a afrontar. El aval no resolvió por sí solo los problemas, pero permitió ordenar la financiación y acometer un cambio de gestión. Después llegaron la ampliación del catálogo, la profesionalización, las nuevas instalaciones y la salida al exterior.

Para López Resina, ese mecanismo continúa siendo crítico para la industria agroalimentaria de Castilla y León. La Comunidad dispone de una potente base agrícola y ganadera, pero transformar materias primas en productos de mayor valor añadido exige fábricas, tecnología, personal cualificado, circulante y capacidad comercial. Sin financiación, una parte de esa riqueza puede abandonar el territorio sin completar allí su transformación.

Isabel López Resina, durante la conversación con Iberaval

La diversidad como distintivo

Su mirada introduce, además, una cuestión que a menudo queda fuera del debate financiero: quién toma las decisiones. La consejera considera esencial que los órganos de Iberaval estén integrados por profesionales procedentes de diferentes sectores, territorios y modelos de negocio.

Un empresario industrial puede detectar necesidades que no observa quien trabaja en servicios. Una compañía exportadora conoce riesgos distintos a los de un negocio local. Una fábrica alimentaria debe gestionar caducidades, controles sanitarios, materias primas y distribución refrigerada, circunstancias que modifican sus necesidades financieras.

«Si se trasladara el modelo a otras instituciones públicas, estoy segura de que se tomarían mejores decisiones, más aterrizadas y menos burocráticas», afirma. Su defensa del modelo no consiste en sustituir el análisis técnico por la opinión de los empresarios, sino en enriquecerlo con experiencia directa.

Compartir el conocimiento acumulado

López Resina no se conforma con que Iberaval actúe como avalista. Considera que la entidad posee un patrimonio menos visible, pero potencialmente muy valioso: el conocimiento generado después de décadas analizando empresas, sectores y operaciones financieras. Algo que también saben las entidades bancarias que cada vez se apoyan más en ese bagaje.

Por sus oficinas y órganos de decisión pasan proyectos de muy distinta naturaleza. La entidad conoce qué esquemas de financiación han funcionado, qué errores se repiten, qué modelos de negocio resisten mejor las crisis y qué contactos pueden facilitar el crecimiento de una compañía. Esa información, tratada con la necesaria confidencialidad, podría convertirse en una herramienta útil para el conjunto del tejido productivo.

La empresaria propone que ese conocimiento circule en más foros. No se refiere únicamente a organizar actos institucionales, sino a compartir experiencias, modelos de financiación y aprendizajes que ayuden a las empresas a ser más competitivas y sostenibles. Casos de éxito.

Isabel López Resina, durante la conversación con Iberaval

Mayores capacidades

«La visibilidad que tiene Iberaval sobre el sector económico de la región es extensísima, sobre lo que funciona y lo que no funciona», señala. Para López Resina, el siguiente paso consiste en hacer que ese aprendizaje llegue a más empresarios y contribuya a mejorar sus decisiones.

La propuesta encaja con su propia trayectoria. Cuando impulsó AvilAgro, partió de una carencia semejante: las empresas agroalimentarias de Ávila compartían problemas y oportunidades, pero no disponían de una estructura suficientemente amplia para intercambiar información, formar profesionales o desarrollar proyectos conjuntos. Su respuesta fue crear red. La asociación nació con 33 miembros y se propuso trabajar en formación, relevo generacional, financiación, innovación y cooperación entre empresas. En poco tiempo consiguió integrar a compañías de diferentes tamaños y comarcas, incluidas algunas de las mayores industrias implantadas en la provincia.

Ese impulso retrata bien a López Resina. No limita su responsabilidad a vender más productos o mejorar la rentabilidad de Santa Teresa. Entiende que una empresa difícilmente puede crecer de forma sostenida en un ecosistema empresarial débil, sin profesionales cualificados, conexiones financieras o proveedores capaces de acompañarla.

De ahí que se implique con la misma intensidad en la innovación de un alimento, la defensa de la formación, una asociación sectorial o el gobierno de una sociedad de garantía. No todas las causas tienen un retorno inmediato para su compañía, pero todas contribuyen a construir el ecosistema en el que la empresa necesita desenvolverse.

Isabel López Resina, durante la conversación con Iberaval

Una forma de gestionar

De manera que su energía no es un rasgo ornamental. Es una forma de gestión. López Resina empuja, conecta, cuestiona y obliga a mirar más lejos.

Puede defender una receta de 1860 y, en la misma conversación, reclamar digitalización, nuevos productos, internacionalización y mejores mecanismos de financiación.

Santa Teresa estuvo cerca de quedarse encerrada dentro de su propia historia. Hoy vende en más de veinte países y se presenta como una compañía agroalimentaria innovadora que continúa elaborando manualmente su producto más emblemático. Ese recorrido no pertenece únicamente a una directiva, pero su liderazgo ayuda a explicarlo.

Y es que, Isabel López Resina se pone el mundo por montera siempre que hace falta sin perder de vista Ávila. No utiliza el territorio como excusa ni como simple argumento emocional. Lo convierte en origen, identidad y compromiso. Después mira fuera, reúne al equipo, hace los números y avanza.

Como todos y cada uno de los empresarios que han participado en esta bonita aventura que continúa siendo Iberaval.

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