Plant in dried cracked mud

Las cifras no suelen mentir. El crecimiento de la economía española ha alcanzado la velocidad de crucero. Pese a la leve ralentización que estamos experimentando en el último trimestre, motivada en gran parte por las incertidumbres sobre la situación global y el calendario electoral, las previsiones sitúan el crecimiento del PIB en el 3,1% para el cierre del actual ejercicio, mientras que auguran un avance del 2,6% para 2016. Si bien es cierto que estas cifras se sitúan por debajo de las previsiones oficiales, no podemos negar que la situación ha dado un giro y comenzamos a transitar por la senda de la recuperación.

Así lo refleja en su primer informe sobre coyuntura económica y previsiones de la firma española de rating Axesor, que considera que estas cifras posibilitarían que la creación neta de empleo alcanzara el millón de puestos de trabajo a finales del próximo año, por lo que la tasa de paro se situaría en el 22,8% a finales de 2015 y en el 21,5% al cierre de 2016.

Esta recuperación del empleo, unida a la mejora de la financiación a empresas y familias, así como el avanzado estado de algunos procesos de ajuste interno, apoyará el crecimiento de la demanda doméstica. Otro de los factores que ha sorprendido al alza es la inversión en maquinaria y equipo. Todo ello adelanta tiempos de bonanza, porque qué empresario compra maquinaria, si no es para producir más. Un hecho que permitirá que todos los componentes de la demanda nacional experimenten un saldo anual positivo, algo que no sucedía desde 2007.

Además, hay que añadir factores externos que han intervenido de forma destacada para impulsar este crecimiento, como el abaratamiento del barril de petróleo, unos tipos de interés en mínimos históricos y el programa de compra de activos desarrollado por el Banco Central Europeo (BCE).

Entre los riesgos que amenazan la recuperación, el documento apunta directamente a la deflación, el elevado endeudamiento, la incertidumbre política, un parón en el comercio internacional o el incumplimiento del déficit. Como el futuro está en nuestras manos, pero vivimos –nadie lo duda ya- en un entorno globalizado en el que los argumentos cerrados, y a muy largo plazo, pueden resultar un fiasco.

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