AMANECER

Comenzamos a ver los primeros rayos de luz, tras una larga temporada sumidos en la oscuridad más profunda. Por ello, nos van a permitir parafrasear el título de la magnífica película dirigida por José Luis Cuerda. En este caso, con su permiso, para hablar de economía, de las cifras que en los últimos meses nos hacen vislumbrar un horizonte más despejado para el tejido empresarial.

Son datos de esta misma semana: la cifra de negocios de las empresas aumentó un 7,2% durante el pasado mes de marzo con respecto al mismo mes de 2014, registrando así su mayor crecimiento interanual desde abril de 2008, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Esto es: la cifra de negocios de las empresas se dispara y registra su mayor subida en siete años.

Amanece, que no es poco, gracias a la evolución de los principales indicadores macroeconómicos, el aumento del consumo interno, la creación de empleo y, por supuesto, a la apertura a medio gas del grifo del crédito a las pymes. Su consecuencia: el crecimiento, el desarrollo empresarial y la mejora palpable de nuestra economía.

Ahora bien, debemos tener presente que ese amanecer se resiste a las primeras luces del día. Aunque la recuperación parece que ha venido para quedarse, actualmente sólo hay un 30% de empresas con resultados positivos, según esos mismos datos aportados por el INE.

Desde organizaciones empresariales como CEOE, lejos de convertir esta mejora en hechos consumados, reivindican medidas para ratificar e impulsar la competitividad empresarial en nuestro país.

Entre esas soluciones destacan, principalmente, una notable rebaja fiscal, la reducción de los costes laborales, el aumento de la flexibilidad en las condiciones de trabajo y, en definitiva, encontrar fórmulas para que las empresas pierdan el miedo a contratar.

Reclaman, de igual manera, mayor apoyo a la industria; potenciar la unidad de mercado para eliminar la maraña legislativa que perjudica la actividad empresarial e impulsar las políticas de internacionalización y de innovación.

La iniciativa privada demanda que, por fin, se haga fluir la financiación. Solicita el impulso de medidas a las entidades financieras y fórmulas alternativas tan sólidas como las de los bancos.

La petición de las organizaciones empresariales sitúa  en el mapa al Sistema de Garantías, como un instrumento idóneo para reducir el coste de acceso al crédito por parte de las pymes y el riesgo a los financiadores. En este contexto, las SGR no se configuran como la solución única ante ese problema concreto, pero sí constituyen una respuesta real y objetiva para canalizar los recursos que se necesitan para lanzar proyectos viables y, de esta forma, ratificar e impulsar las cifras que han inspirado ese amanecer definitivo. No es poco.

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